Serie Civilities

Civilities I

a+t 29

ISSN 1132-6409

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176 Páginas

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Civilities podría traducirse como normas cívicas y también es la suma de civic + facilities, que significa equipamientos comunitarios, edificios para el ciudadano. Bajo este nombre se inicia la serie de a+t, que intentar aportar otro enfoque sobre la vida en común y las arquitecturas que hacen latir la sociedad. Están incluidas todas las construcciones y programas que impliquen relaciones compartidas, roces de actividades e intercambio de experiencias.

Los equipamientos comunitarios son algo más que programas de usos –bibliotecas, gimnasios, centros de salud, guarderías, clubes juveniles, pistas de deporte…–. Son focos de cultura, puntos de servicio, centros de reunión, motores de actividad que extienden su influencia más allá de los muros contenedores. Son lugares en los que se produce el encuentro con el otro y que a la vez originan flujos de actividad que regeneran el entorno, tanto en la ciudad compacta como en la dispersión suburbial.

El volumen forma parte de la serie Civilities.

ARTÍCULOS
AURORA FERNÁNDEZ PER

...Algunas guarderías ofrecen a los padres una novedosa ventaja: cámaras estratégicamente situadas dentro de sus instalaciones para que, conectándose a una página web, puedan observar el comportamiento de sus hijos. La idea tiene un punto de perversión porque, si bien en un principio favorece la transparencia y la información –permite que los padres sepan si su bebé come bien, o si duerme la siesta–, también es un instrumento para vigilar al educador. En definitiva, lo que se ofrece como una ventaja puede ser el origen de una fractura, y en este caso confirma que la desconfianza entre educadores y padres forma parte del espacio educativo.

El jardín de infancia vigilado es un signo de los tiempos. Si encabeza este artículo es porque ilustra la aparente inocencia de los medios, su fingida neutralidad, sus irrefutables ventajas y su sigiloso desarrollo. La vida real, o la que hasta ahora llamábamos real, se desarrolla en un ambiguo paisaje, que es cada vez más una representación de sí mismo. Seguimos hablando de ciudad, como si todos supiéramos a qué nos referimos, pero la capacidad de los medios para conquistar el territorio genera una explosión muda y continua a nuestro alrededor y las ciudades mutan aceleradamente.
Sin lamentaciones añadidas, ya no nos reconocemos en las antiguas imágenes de nosotros mismos y tampoco en los antiguos lugares que frecuentábamos. Hemos adquirido nuevos hábitos. Nuestras exigencias se han multiplicado. El espacio físico es sólo una parte de nuestro entorno, despreciable en comparación con el espacio virtual.
¿Cómo afecta esta mutación a lo que hasta ahora conocíamos como equipamientos?
Estos edificios singulares, cuya misión es equilibrar la vida urbana ofreciendo servicios y placer a los ciudadanos, sufren sustancialmente el efecto explosivo de los medios y su supervivencia depende de su capacidad de mutación, de su apertura programática. El corazón de la ciudad necesita reanimación.
Pero además, como nodos de la vida social que son, los equipamientos se enfrentan cada día a la inestabilidad de los patrones de relación, al desgaste de los referentes cotidianos, y a los efectos de una economía cada vez más volátil. Desde hace unos años el distrito londinense de Tower Hamlets comprueba que sus bibliotecas son cada vez menos utilizadas; en España, los centros cívicos, nacidos para facilitar la participación ciudadana, se vacían de contenidos reivindicativos y se llenan de actividades lúdicas; en el sur de Los Ángeles, los jóvenes practican krump2 en mitad de la calle porque los nuevos deportes urbanos no tienen cabida en las instalaciones deportivas convencionales y las escuelas, en cualquier parte del planeta, carecen de herramientas para educar a los hijos de unos padres desmotivados.
Este desencuentro entre las tipologías del siglo XX y las necesidades del siglo XXI, convive con la paradoja de que, en este ambiguo paisaje que seguimos llamando “ciudad”, los programas residenciales tienen cada vez menos vocación de artefactos urbanos y más de conquistadores del territorio, con lo que los equipamientos están destinados a destacar como balizas en el océano, como señas de identidad de lo civilizado. Su mera presencia, destinada a producir un efecto de diálogo con el entorno, a generar experiencias, debería actuar como imán frente a la dispersión del ámbito doméstico, y como imprescindible heterotopía escapista ante nuestro espacio más íntimo, que ahora no es otro que el ciberespacio y sus comunidades virtuales. Pero es probable que para actuar como verdaderos hitos urbanos tengan que compartir protagonismo con los usos comerciales, porque la mayoría de nuestros actos es susceptible de aparejar una incitación al consumo y el consumo genera actividad.
En este primer número de la serie Civilities, hemos querido mostrar varios ejemplos de tipologías mutantes y de otras emergentes, que apuntan las siguientes tendencias:

Regeneración del entorno
La responsabilidad en la regeneración del entorno es un aspecto de creciente importancia, que se atribuye a cualquier nuevo equipamiento, como una parte más de su programa e independientemente de su escala. La presencia de estos servicios aporta calidad urbana, un bien cada vez más escaso. En las zonas desfavorecidas o que han sufrido un proceso de abandono, ofrece, no sólo actividades, sino también expectativas favorables. En los nuevos asentamientos, es la semilla para el desarrollo de relaciones en la comunidad.

Proximidad
El acercamiento a una población cada vez más dispersa reduce los desplazamientos e identifica la descentralización política con la participación social. Como consecuencia, su tamaño se adapta a la densidad de población en la que se inserta.

Virtualidad
La presencia de los equipamientos se extiende al espacio virtual a través de juegos en red como Second Life, en donde centros culturales como La Casa Encendida de Madrid han abierto ya sus sedes, para que los avatares-residentes puedan visitar sus exposiciones, participar en actividades y relacionarse dentro de un entorno construido a imagen y semejanza del real.

Co-alojamiento
Es una medida para mejorar la gestión de recursos y crear sinergias. Actualmente, los usos docentes y los sanitarios tienen tendencia a compartir alojamiento en los primeros niveles de asistencia (véase las guarderías incluidas en el programa Sure Start, pp. 10-15). Por otra parte, la mezcla de usos crea una simbiosis que favorece al conjunto de usuarios. También surgen combinaciones más bien parasitarias, como el aprovechamiento de una instalación comunitaria para habilitar una pista de patinaje en la cubierta.

Reciclaje de usos
Ocurre con tipologías como la biblioteca, debido a la estrecha competencia a que se ve sometida por parte de las bibliotecas on-line.
En estos últimos años después de una primera asociación con las mediatecas, sobre todo en Francia, han florecido bibliotecas-tienda, bibliotecas-club de deberes, bibliotecas-galería de arte, bibliotecas-parque o bibliotecas-salón de encuentro.

Jovenismo3
La oferta de programas y edificios, específicamente dedicados a los más jóvenes, aumenta a pesar de que la pirámide de población es cada vez más invertida en los países desarrollados.
La tendencia puede que sea una respuesta paliativa al fracaso de los sistemas educativos. La exclusión de otras edades entraña un riesgo de autosegregación, consentida y promovida por el resto de la sociedad, como estrategia para mantener un precario equilibrio entre generaciones.

Escapismo frente a compromiso
Las actividades de las asociaciones ciudadanas que dieron sentido a los primeros centros cívicos de los setenta, están siendo sustituidas por programas culturales (como centro de artes escénicas o visuales, lúdicos o de entretenimiento) sin ningún objetivo social. En términos arquitectónicos, este cambio de tendencia conlleva un cambio de dimensiones y una mayor sofisticación en las instalaciones.

Consumo frente a Participación
Son mucho más numerosas y concurridas las actividades en las que el ciudadano asiste como público, que aquellas otras en las que participa de manera activa. Por otra parte, la asistencia como espectador a cualquier tipo de evento no entraña ningún vínculo con el otro, más allá de compartir una misma experiencia. No obstante, la capacidad que tienen dichas actividades para generar riqueza y dinamismo en su entorno justifica su presencia en la trama urbana, y su éxito creciente es alentador frente a la succión ejercida por los centros comerciales.

Partenariado público-privado
La concurrencia privada es creciente en la propiedad, financiación y gestión de los equipamientos en proyectos conjuntos con las instituciones públicas. El motivo de esta concurrencia no reside sólo en las dificultades de los presupuestos públicos para atender todas las demandas de la población, sino también en la progresiva sofisticación y diversificación de dichas demandas y en el aumento del tiempo de ocio de los ciudadanos.

Retailización4
Retail significa, tanto en centros privados como públicos, la introducción de aspectos comerciales. No sólo ayuda a financiar la actividad, sino a saciar una demanda de consumo inherente a casi todas las relaciones sociales. La instalación de máquinas expendedoras, taquillas de entradas, bares, tiendas e incluso peluquerías en los centros comunitarios es una colonización progresiva de este espacio, libre hasta hace unos años de la función comercial y de las exigencias que conlleva.

Disolución de límites
Se consigue a través de una selección de materiales livianos y diáfanos y una intervención proyectual que va más allá de lo construido y considera el espacio público como parte sustancial del equipamiento. También se observa la conversión del espacio exterior en interior mediante ligeras estructuras de cerramiento para conseguir un mejor aprovechamiento en climas adversos.

Sostenibilidad
Es la característica constructiva más destacada, que encuentra en este tipo de proyecto público la oportunidad para ensayar sistemas de ahorro energético y aprovechamiento de recursos. También propicia la incorporación de productos reciclados y con componente vegetal al catálogo de materiales constructivos...

1 Según el concepto acuñado en el CIAM 8, el corazón de la ciudad es el corazón físico de la comunidad, o el lugar donde el sentimiento de comunidad encuentra su expresión física. J. Tyrwhitt, J. L. Sert, E. N. Rogers. CIAM 8. The Heart of the City: Towards the Humanisation of Urban Life. Londres y Pellegrini and Cudahy, Nueva York, 1952.

2 Krumping es un baile urbano surgido en la comunidad afroamericana del sur de Los Ángeles, California, de movimientos muy enérgicos, con un gran componente de identidad racial y reinserción social.
www.doggs.com.ar/krumping.html
http://www.youtube.com/watch?v=3lPuGWPt75g&mode=related&search=

3 Del francés jeunisme, describe el culto a la juventud y su preponderancia frente a otras edades.

4 Del término inglés retail: venta al por menor.

MARTIN MUSIATOWICZ

...Durante los años sesenta, un número de grupos revolucionarios –entre ellos Archizoom, Superstudio y la Internacional Situacionista– críticos con los cambios de la sociedad moderna, coincidieron en un intento por resistir el capitalismo, resucitar al individuo y redefinir la vida moderna. La ciudad moderna, que se apropió de la comunidad y de las instituciones por medio de un crecimiento continuado del consumo, ha seguido disolviendo e hiperindividualizando la sociedad. La mercantilización y el consumo definen la vida, el espacio y las ciudades que habitamos; el mundo entero o al menos el mundo desarrollado, está gobernado por el comercio. Sin embargo, hoy ya no es la producción de bienes físicos la que lidera los poderes económicos, sino la de servicios, el entretenimiento y la información. Al igual que los jóvenes revolucionarios de hace cincuenta años, los arquitectos actuales se enfrentan a un mundo que cambia rápidamente, a menudo incluso antes de que las acciones lleguen a realizarse. Las ideas de volver a comprometer a la sociedad con las experiencias reales y las relaciones directas son una preocupación tan relevante hoy como lo fueron entonces. Sin embargo, mientras que las visiones alternativas propuestas por aquellos grupos eran utópicas y revolucionarias, los profesionales de hoy, habiendo comprendido la condición híbrida de la cultura y el comercio y la fusión absoluta de lo real y lo virtual, prefieren usar la sutileza y subversión, por una parte para satisfacer las necesidades funcionales y comerciales y, por otra, para encontrar estrategias que potencien al máximo la interacción espontánea, el encuentro y la experiencia real.

La práctica de la arquitectura y en particular la asociada a los espacios públicos y los edificios cívicos ha recorrido, o mejor, se ha enfrentado a cada oleada de cambio, intentando construir realidades fijas en un entorno turbulento y acelerado. Debido en gran medida a la competencia turística, la arquitectura espectáculo necesita iconos y monumentos. Hay muy pocos programas en los concursos que no demanden la creación de un edificio o un espacio icónico. Para contribuir a esta obsesión ya de por si preocupante, están las nuevas herramientas de diseño, que permiten representar cualquier cosa imaginable, a menudo en un espacio vacío. Pero cuando se piensa en los espacios cívicos o públicos es necesario analizar qué tipo de lugares facilitan el encuentro entre personas diferentes, el intercambio de valores, la noción de lo que es ser un individuo entre muchos y la diferencia entre estar en un lugar o en otro. Los profesionales intentan abordar de una manera innovadora los diferentes espacios que configuran una ciudad y adaptarlos, no sólo a una función, sino a la mejora de la vida que existe fuera de nuestros entornos domésticos o laborales. Los edificios y espacios públicos son elementos esenciales de la infraestructura urbana, claves para construir la identidad de la ciudad. Sin embargo, la trama de espacios que surgen alrededor y dentro de las instituciones públicas y privadas estructura el discurso subyacente de la ciudad.
Calles, callejones, vestíbulos, espacios informales e incluso aparcamientos y ascensores forman parte de la vida de las personas y de sus intercambios. Estos espacios, que podrían denominarse espacios dispersos1, han servido a muchos arquitectos para crear lugares no-programados para el encuentro. El programa, que fue una simple herramienta para asignar una función a un espacio, ha sido criticado y manipulado para dar cabida a nuevas posibilidades de integración y a una mayor apertura a las actividades no planificadas2. Paralelamente a las actividades y encuentros previstos y privados, pueden desarrollarse otros menos definidos utilizando estos espacios intersticiales.
La naturaleza cambiante de las instituciones ciudadanas, en respuesta a situaciones también cambiantes ofrecen otras oportunidades para redefinir y yuxtaponer los programas convencionales. Mientras que hace sólo unas décadas, las instituciones cívicas eran espacios excepcionalmente libres de elementos comerciales, hoy son una amalgama de espacio comercial y espacio cívico. Las tipologías tradicionales reflejaban la imagen de las instituciones culturales como reservas para la contemplación serena, en contraposición a la idea creciente de contenedor como foco de intercambios3. Estos cambios son consecuencia de la disminución de fondos que estas instituciones obtienen directamente del estado, que les ha empujado a buscar nuevas formas de financiación a través de la venta y el alquiler. Para seguir siendo importantes y fortalecer el compromiso, las instituciones cívicas deben ofrecer un servicio, no solamente académico o elitista y empezar a considerar al público como clientes del negocio de la información y el espectáculo4. El planteamiento clásico de que las instituciones pueden existir como consecuencia de lo que ofrecen, una biblioteca o un museo, ya no es viable, puesto que deben posicionarse para competir entre si en el mercado del entretenimiento y el ocio. A ello se añade el hecho de que la cultura ya está en todas partes, con la ubicuidad que permite internet. Un alto grado de competitividad y variedad rodean las atracciones culturales, con tópicos como entretenimiento y elección resonando como demandas clave y el resultado es un mayor énfasis en la experiencia y en la educación y una tendencia hacia contenedores culturales que agrupen varias instituciones y funciones y se conviertan en destinos por derecho propio5. Para dar una respuesta arquitectónica a todo esto, el Centro Pompidou definió una nueva tipología, que puede apreciarse, no sólo en otros museos, sino también en bibliotecas, escuelas y ayuntamientos. Tales catalizadores de la sociedad ofrecen la oportunidad de crear una sensación de densidad de personas y actividades y facilitar la disolución de límites, convirtiéndose en magnetos de la comunidad a nivel local y global.
En su época, la Internacional Situacionista, consciente de que la función era inevitable, se negó a ser prisionera de la misma. En un momento en que los arquitectos y urbanistas consideraban a la gente como números estadísticos e ignoraban el papel psicológico del entorno, la percepción espacial y la experiencia tenían un objetivo que no se basaba en el uso práctico6. El urbanismo tradicional, con sus métodos de segregación de la ciudad en partes separadas, –lugares de producción, residencia y ocio– y alejadas unas de otras, permite un mayor control sobre la población que una sóla entidad.
El Urbanismo Unitario propuesto por la Internacional Situacionista como una revolución alternativa, deseaba liberar a la gente de este sentimiento de homogeneidad desterritorializando la ciudad y permitiendo a la población involucrarse más en la experiencia sensorial inmediata de sus entornos7.
La situación, el centro de su propuesta, era definida como un suceso espacio-temporal que se experimenta al margen de la influencia que ejerce el espectáculo de la cultura de masas, permitiendo al individuo disfrutar de su propia realidad y de sus emociones en vez de construir un sentimiento de lugar o pertenencia8. Recientes proyectos sobre espacios y edificios públicos han querido involucrarse en esa línea, incluso de una manera más sutil. Especialmente relevantes son las técnicas que desterritorializan el programa y consideran la función como algo secundario dejando espacios difusos, de encuentros no planeados o en general espacios dispersos que actúan como mediadores entre entidades a menudo incompatibles. La idea central es estar preparado para lo imprevisto y lo indeterminado. Muchos proyectos actuales se involucran en la experimentación y la posibilidad de disfrute. Satisfacen el uso, pero la preocupación predominante es crear un foco de atracción, un denso nodo de sociedad que permita el solapamiento y la disolución de la programación homogénea propia del planeamiento utilitario...


1 See: Franck, K. & Stevens, Q. Loose Space. Routledge, USA, 2006.

2 James, V. and Yoos, J. “Tempering Program” in Praxis: Re:Programming, no. 8, 2006, p. 30-35.

3 Lotz, C., “Market Forces”, Museums Journal, August 2005, p.16.

4 Bailey, S., (ed), Commerce and Culture: from pre-industrial art to post-industrial value. London, Penshurst Press, 1989. p.7

5 Newhouse, V., Towards A New Museum. New York, The Monacelli Press, 1998. p.191.

6 Jorn, A. “On the current value of the functionalist idea”, in Andreotti, L. and Costa, X. (ed.) Theory of the Derive and Other Situationist Writings on the City. ACTAR- Museu d’Art Contemporani de Barcelona, 1996. p.33.

7 Kotanyi, A. and Vaneigem, R. “Elementary program ot the Bureau of Unitary Urbanism”, in Andreotti, L. and Costa, X. (ed.) Theory of the Derive and Other Situationist Writings on the City. ACTAR- Museu d’Art Contemporani de Barcelona, 1996. p.116.

8 Leach, N. The Anesthetics of Architecture. MIT Press, London, 1999. p.59.

XAVIER GONZÁLEZ

...La historia del urbanismo nos muestra que en cualquier asentamiento urbano, ya sea espontáneo o planificado, tienen lugar tres funciones básicas: la residencia, materializada en un parque de viviendas que ocupa gran parte del conjunto edificado; las actividades, alojadas en los lugares de trabajo o bien en los contenedores de equipamientos y, por último, los flujos, que se apoyan en las redes de infraestructuras.
Esta sistematización sirve para introducir los siguientes conceptos a tener en cuenta en el análisis urbano:

Diferenciación
Este concepto surge de la distinción que se hacía tradicionalmente entre objetos singulares o permanentes en la escena urbana y los contenedores residenciales. Dicha separación surge de la discriminación ancestral entre la esfera pública y la privada. En este sentido, es interesante constatar cómo se cartografiaban antiguamente las ciudades en las primeras guías para los peregrinos y, posteriormente, para los turistas. En aquellos planos aparecen los elementos específicos del lugar, su topografía, etc., pero también el conjunto de monumentos y, por extensión, el conjunto de equipamientos, en tanto que hitos identificables en el tejido urbano1. Esto es, entre los objetos singulares no sólo hay monumentos, sino que a menudo se encuentran entre ellos las construcciones que albergan la vida en común y que, en función de su programa o su área de influencia (barrio, ciudad, provincia o estado), evidencian su vocación comunitaria distinguiéndose claramente del resto del tejido que los rodea.

Ubicación
La ubicación de estos objetos singulares en la ciudad teje la complejidad y forja la calidad del espacio público; el armazón urbano se refuerza con la tensión entre objetos singulares, monumentos o equipamientos, y el tejido circundante2.
Ya desde la Antigüedad se estableció un método para ubicar los equipamientos en función de la orientación, los vientos o los valores simbólicos. La elección del lugar fue ampliamente estudiada por Vitrubio en el Libro V de su Tratado de Arquitectura. En él se hace referencia a la “ubicación de los edificios para uso común de toda la ciudad, como templos, foros y otros lugares de reunión de los ciudadanos”3. El emplazamiento de los edificios públicos, los teatros, la basílica, la cárcel, los templos o las termas, todo aparece justificado en dicho compendio.
Más adelante, la Revolución Industrial no puso en duda la matriz urbana barroca. Luego, el Movimiento Moderno, a través de la puesta en práctica de la zonificación, introdujo la fractura y la separación radical entre el objeto singular y el parque residencial. Esta distinción trajo consigo un alejamiento entre funciones, perceptible en los planes urbanísticos de la época, produciendo un claro desequilibrio entre las “zonas”. Esto dio como resultado ciudades fragmentadas, compuestas de zonas residenciales, de trabajo, administrativas o de ocio, cosidas mediante redes de transporte que cobraron una importancia fundamental.
Estos principios urbanísticos fueron puestos en tela de juicio a partir del CIAM 8 (1951), titulado The Core of the City (El corazón de la ciudad), en el que se propone un regreso a los valores cívicos del centro de nuestras ciudades como sedes institucionales y catalizadores de la vida en común.
El retorno del individuo al centro de la sociedad fue ilustrado por José Luis Sert, quien convierte a la ciudad medieval en paradigma de la ciudad futura, poniendo de manifiesto la existencia en su seno de uno o más centros de encuentro ciudadano (políticos, religiosos, culturales o de ocio).
La enunciación de estos valores estéticos y humanísticos le llevó, junto a Siegfried Giedion y Fernand Léger, a impulsar el nacimiento de una nueva monumentalidad a través del manifiesto Nine Points on Monumentality4, que debería representar el inicio de una tercera etapa del Movimiento Moderno, superada ya la preocupación por las células de vivienda y la zonificación.
Mientras tanto, en las antípodas de la planificación urbanística, la generación espontánea de fragmentos de ciudad, como es el caso de los barrios de favelas, da origen a lugares de naturaleza espacial saturada y función exclusivamente residencial, signos éstos de una evidente fractura urbana y social. Para integrar estos barrios en el resto del tejido urbano, algunos municipios, entre los que se encuentra el de Río de Janeiro, lanzaron la operación favella barrio. Así, la compra y posterior demolición de algunas casas conllevó la aparición de espacio público y la implantación de algunos equipamientos de proximidad: una plaza, un centro de salud, un centro de barrio, una escuela y un campo deportivo. En los lugares menos accesibles, los equipamientos se materializan a través de estructuras efímeras o móviles, como los autobuses fletados habitualmente por organizaciones gubernamentales o no gubernamentales, que de esta manera aseguran el acceso a los servicios médicos y sociales.

Función
La función sigue una lógica ligada a la prestación de servicios, que va desde la proximidad de lo local, hasta un vasto alcance territorial o incluso nacional.
Cualquiera que sea el radio de acción de los equipamientos, encontramos un abanico similar de sectores de servicio: la salud, la educación, el deporte, la higiene, las instituciones políticas o religiosas, el ocio, los transportes, la economía.
La función introduce necesariamente la noción de uso y de tipología, así como sus correspondientes momentos de invención o de cambio. En este sentido, es la Revolución Industrial el periodo más fecundo en cuestión de invenciones tipológicas. En él, y con el fin de sentar las bases de la nueva sociedad burguesa, el conjunto de parámetros que rige la ciudad experimenta una importante transformación.
Es en este periodo cuando tiene lugar la invención o redefinición de todas las instituciones, símbolos del poder y la totalidad de equipamientos públicos o privados: escuelas, universidades, museos, bibliotecas, hospitales, casas de baños, teatros, palacios de justicia, cárceles, cementerios, ayuntamientos, bolsas de comercio, etc.
Todas estas instituciones, que ya existían previamente de otra forma, fueron redefinidas y reubicadas en la escena urbana recién creada. Por su parte, la estación, los pasajes comerciales y los grandes almacenes fueron invenciones tipológicas propias del siglo XIX.
Posteriormente, el siglo XX retomaría la totalidad de esa base tipológica, a la cual se añadirían el centro comercial, el aeropuerto, los equipamientos deportivos y los parques de ocio. Otra novedad fundamental del siglo fueron los nuevos lugares de la cultura popular y los equipamientos de proximidad, integrados en el tejido urbano local, y basados en la acción política y social, en la educación y en la cultura. Estos servicios de proximidad se convirtieron en instrumentos de cohesión del rompecabezas urbano, especialmente cuando los usos sociales comenzaron a dislocarse y alejarse.
Centros de salud y servicios sociales, guarderías, centros de barrio, locales para asociaciones, centros de formación, salas polivalentes, gimnasios o bibliotecas de barrio, etc., son pues equipamientos pensados para mantener una relación directa con su entorno inmediato, tendiendo en muchos casos a integrarse en los programas residenciales o bien a agruparse para convertirse en entidades más complejas, en auténticos nodos de la vida comunitaria. Tal fue el caso de los Centri Civici creados en Italia durante los 60, de los Community Centres anglosajones o los Centres Culturels franceses concebidos con el fin de democratizar el acceso a la cultura.

Programas y equipamientos para el siglo XXI
Así como el Renacimiento reemplazó la jerarquía espacial de la Edad Media por un espacio infinito y antropocéntrico, el siglo XIX vivió su propia revolución desacralizando el tiempo. Ahora, asistimos a otra mutación radical: la desmaterialización progresiva del espacio, la desconexión entre cuerpo y lugar y, sobre todo, la desmitificación del espacio tradicional, aquél que sirve como referencia para distinguir la esfera pública y la privada.
Ello cuestiona el papel futuro de la arquitectura, los lugares representativos de la ciudad y su nueva monumentalidad.
Esta nueva situación fue avanzada en su día por Michel Foucault, quien previó el desarrollo de lo virtual y de Internet. A Foucault le hubiera interesado la aparición y el desarrollo de un nuevo tipo de espacio público virtual capaz de sustituir a cualquier servicio público tradicional, ya sea administrativo o cultural.
Estos lugares virtuales son al tiempo utopías, al no mantener una relación analógica directa con el espacio real de la sociedad, y heterotopías, tal como lo demuestra el ejemplo del espejo5.
Las ciudades están, por tanto, obligadas a integrar los nuevos usos derivados de la revolución virtual. Ello implica la concepción de equipamientos que tiendan a brindar mayor proximidad y flexibilidad de espacios o de función, pero también la búsqueda de polos de vida comunitaria más híbridos, así como la puesta en práctica de heterotopías renovadas...

1 “La distinción entre lo particular y lo universal, entre lo individual y lo colectivo, comienza por la ciudad y su construcción misma: por su arquitectura”
Aldo Rossi. La arquitectura de la ciudad. Editorial Gustavo Gili, Barcelona, 1976, p.50

2 “Estos objetos singulares juegan un papel fundamental en la dinámica de la ciudad, ya que, según el modo en que se ubiquen, surge lo que constituye la calidad específica del hecho urbano, esto es, su persistencia en un lugar, su individualidad y la función precisa que desempeña. La arquitectura representa el momento de este proceso y constituye la parte visible de esta estructura compleja”
Idem, p.132

3 Vitruve in Les 10 livres d’architecture p.147 éd. Balland, Paris, 1979

4 “Si los grandes edificios nacen para expresar la conciencia social y la vida colectiva de un pueblo, ello exigirá que no sean simplemente funcionales, sino que además satisfagan una necesidad de monumentalidad y de elevación del espíritu”
José Luis Sert, Sigfried Giedion, Fernand Léger. “Nine points on monumentality”,1943. Published in Harvard Architecture Review, 1984

5 “Nos encontramos en la era de la simultaneidad y la yuxtaposición, en la era de lo próximo y lo lejano, lo contiguo y lo disperso. Nos encontramos en un momento en el que el mundo se desarrolla, más como una madeja de puntos que se cruzan, que como una gran existencia desarrollada a lo largo del tiempo”
“El espejo es una utopía, pues es un lugar sin lugar. En el espejo me veo donde no estoy, dentro de un espacio irreal que se abre virtualmente tras la superficie, estoy allí donde no estoy… Pero se trata también de una histerotomía, en la medida en que el espejo existe realmente, y tiene, en el lugar que ocupo, una especie de efecto retorno”
Michel Foucault. Des espacies autres (1967), Hétérotopies in Architecture, Mouvement, Continuité, n°5, octobre 1984, pp. 46-49

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